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Óscar Puente, Montero o la amnistía, ¿qué da más vergüenza?

Estamos descubriendo la tramoya de esta campaña de descrédito que nos remite a un presunto delito de revelación de secretos cometido por la vicepresidenta y ministra de Hacienda

Óscar Puente

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La ley de amnistía aprobada en el Congreso es probablemente el episodio más grave que ha sucedido en la democracia española, a la altura del intento de golpe de Estado del 23F y de otro intento de subvertir el orden constitucional como fue la declaración unilateral de independencia del Parlamento de Cataluña. Pedro Sánchez ha cometido un acto de corrupción política sin parangón: comprar la investidura a unos políticos delincuentes a cambio de una ley que borre sus delitos, incluidos los de terrorismo, alta traición y corrupción. Pasará a la historia, sin duda.

Sin embargo, en el día en el que la amnistía debería eclipsarlo todo informativamente hablando, por su gravedad, el caso fabricado por Moncloa a la presidenta de la Comunidad de Madrid se abre hueco en las portadas. No es para menos, porque estamos descubriendo la tramoya de esta campaña de descrédito que nos remite a un presunto delito de revelación de secretos cometido por la vicepresidenta y ministra de Hacienda. María Jesús Montero se delató al afirmar que había leído en la prensa una noticia que tardo varias horas en publicarse.

Es urgente una investigación de la Agencia Tributaria que tiene muy fácil saber quién accedió al expediente del novio de Isabel Díaz Ayuso y, en consecuencia, quién le facilitó la información a la ministra que, a su vez, lo envió a algunos medios afines. La revelación de secretos es un delito grave, más aún si el que lo comete es una autoridad respecto a un ciudadano particular. En ese caso el artículo 417 del Código Penal establece una pena de “prisión de dos a cuatro años, multa de doce a dieciocho meses, y suspensión de empleo o cargo público por tiempo de uno a tres años”. A eso se debería exponer Montero si alguien toma cartas en el asunto.

Y en medio de esta tormenta, aparece el perejil de todas las salsas, el ministro de la incontinencia verbal, Óscar Puente, para hacerse un hueco con todos los honores en el podio de la infamia. El responsable de Transportes, con el estilo de un orangután machista pasado de copas, ha respondido a un tuit de Isabel Díaz Ayuso tildando a su pareja de “testaferro con derecho a roce”. Si Sánchez tuviera algo de decencia debería ponerle primero un bozal y después destituirle y mandarle a su casa. Aunque, claro, el presidente no está para darle lecciones morales a nadie.

Es evidente que de todo lo relatado aquí, la máxima gravedad y preocupación está en la ley de amnistía que rompe la igualdad de los españoles ante la ley y atenta contra el Estado de Derecho, pero lo de Montero y Puente produce una vergüenza similar o incluso mayor. Los españoles no merecemos un Gobierno así. No nos representa. Esta legislatura está agotada antes de empezar a andar.