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LA MIRILLA

Sánchez, pillado con las manos en la masa corrupta

Begoña Gómez y Pedro Sánchez, en los actos del décimo aniversario del reinado de Felipe VI.

Begoña Gómez y Pedro Sánchez, en los actos del décimo aniversario del reinado de Felipe VI.Europa Press

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Ni ético ni estético. El tufillo que desprende es imposible de aguantar. ¿Legal? Eso lo determinarán los jueces, que son quienes representan la verdad judicial en un Estado de Derecho. Lo que es innegable es que por sospechas menores en este país han dimitido políticos de todo signo. Incluso ministros del Gobierno de Pedro Sánchez.

Las ocho visitas reconocidas en su declaración judicial por el empresario Juan Carlos Barrabés a La Moncloa para verse con Begoña Gómez (dos de ellas con el presidente a petición de su esposa) levantan un olor insoportable. Quizá el mandatario socialista pueda hacer que su parroquia aguante la peste con la nariz tapada hasta que salgan corriendo porque les falte la respiración. “París bien vale una misa”, les dirán para fortalecerlos en su fe del carbonero aquellos monclovitas que viven de la permanencia en el poder de Sánchez. Aunque, cuanto menos, deberían pedir a su jefe que diese explicaciones sobre los actos que han llevado a Begoña Gómez a estar investigada por tráfico de influencias y corrupción en los negocios.

Hasta ayer, el líder supremo socialista defendía a capa y espada la honestidad de su esposa; sin embargo, ya es la suya personal la que se tambalea. Estos meses ha podido decir el presidente del Gobierno que desconocía los tejemanejes de su mujer con empresarios que impulsaron el máster de la Complutense que dirigía y, luego, tras una carta de recomendación firmada por ella, recibieron millones de sociedades públicas. Aceptamos pulpo como animal de compañía. Ya no, Barrabés lo ha situado en la escena de las corruptelas.

Sánchez está en el meollo de los dimes y diretes. Y en una democracia avanzada es responsable político, al menos, del conflicto de intereses que se ha desvelado. La ejemplaridad del presidente está en entredicho. Tiene, además, una gran oportunidad para contar con luz y taquígrafos lo ocurrido en su comparecencia este miércoles en el Congreso de los Diputados para tratar la “Renovación Democrática” que desea poner en marcha. Supongo que su discurso empezará por los negocios que se han hecho en su misma casa.

A. M. BEAUMONT

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